1,170. leyes, decretos, ordenes, etc. independencia y la libertad, convenció al emperador de los franceses deque le era imposible realizar sus miras, y lo obligó á retirarse de una manera ignominiosa. De nada le sirvieron sus victorias, debidas á la superioridad de sus elementos de guerra; de nada le valieron las atrocidades conque manchó su bandera, y al fin se estrelló ante la impotencia de la fuerza para extinguir la justicia y el derecho. Cuando el trono que la Francia pretendió erigir, quedó sin el apoyo de la Francia, desapareció sin dejar huella al simple soplo de la indignación popular; y el desdichado príncipe, abandonado por su protector, corrió la suerte del último cabecilla de filibusteros; porque ese acto de justicia era reclamado por la dignidad ultrajada de la República, y era indispensable también, para afianzar por medio de un saludable escarmiento, la independencia y la tranquilidad, no solo de México, sino de la América toda, sin cesar amenazada por insensatos ambiciosos, y por delirios de reconquista á que se entregan los déspotas del antiguo continente, sin conocer el progreso, la vitalidad y la fuerza que á su independencia debe el Nuevo Mundo. México ha restaurado completamente su independencia; y como durante la lucha la identificó con su libertad política, ha restaurado también el órden constitucional que asegura esta libertad, y garantiza todos sus derechos. No empaña el triunfo de México ninguna transacción, los desastres de la guerra no menoscabaron su dignidad; el infortunio no le hizo sacrificar ningún principio; y no ha comprado la paz á costa de vergonzosos compromisos, ni de humillantes concesiones. Por tan brillantes resultados, los representantes del pueblo no encuentran palabras con cpie felicitarlo dignamente. Este resultado gs la obra del pueblo que no se dejó seducir, ni intimidar por el extranjero. A este resultado contribuyó especialmente el eminente ciudadano que, encargado elel Poder Ejecutivo, fué siempre el representante ele la República, y no pensó jamás en transacciones con el invasor, ni desesperó un instante de la salvación ele la patria. El Congreso no hace mas que tributar homenaje á la verdad, al decir que esc ciudadano cumplió con su deber. Tal ha sido, sin duela, el fallo clel pueblo al reelegirlo para la Suprema Magistratura. Al Congreso toca constituirse en intérprete de la gratitud nacional, honrando y recompensando los servicios que tantos y buenos mexicanos han prestado á la patria, y atendiendo á las viudas y huérfanos, de los que por la independencia perecieron en el cadalso ó en los campos de batalla. Hay un deber que no es grato para el Congreso; pero que es absolutamente imperioso; y consiste, en no conceder impunidad á los grandes culpables. El Congreso, al cumplirlo, conciliará la clemencia con la justicia, fijará sus ojos en el porvenir, procurara establecer la moral pública, pero no obrará movido por el espíritu del rencor ó la venganza, ni desmentirá la magnanimidad de que lia dado tantas pruebas el generoso pueblo mexicano. La situación de la República, cuando acaba de triunfar de sus enemigos interiores y exteriores, es altamente satisfactoria, y reanima las esperanzas de todos los que desean la prosperidad, el bienestar y engrandecimiento de nuestra patria. De la cordura y buen sentido, del patriotismo y de las virtudes cívicas de los mexicanos, depende que no se